LA CASA DE NICOLAS FLAMEL EN PARIS
30 08 09 - 15:3251 rue Montmorency.
Nous homes et femes laboureurs demourans ou porche de ceste maison qui fut fet en lan de grace mil quatre cens et sept somes tenus chascun en droit soy dire tous les jours un patenostre et un ave maria en priant Dieu q de sa grace face pardo aus povres pescheurs trepassés Amen

En nuestro último viaje a Paris, hemos podido ver algunas cosas curiosas de las que ya iremos poniendo en antecedentes a nuestros lectores y amigos.
Por ahora, una visita exterior y rápida a la casa del que fue oficialmente notario y escribano en Paris. Aunque parece ser que también tuvo otras ocupaciones mas secretas y reservadas.
Nicolas Flamel, el alquimista que tantas páginas y reflexiones inspiró a Fulcanelli y que también despertó la curiosidad atrevida y codiciosa -no sólo en el sentido de las riquezas materiales- de algunos otros personajes, como Heinrich Himmler y Alfred Rosenberg.
He aquí el aspecto actual de la que fue su casa -y la de su esposa Perrenelle- contemplada desde la esquina de la rue Montmorency con la rue Saint Martin.

Una placa colocada en su fachada, así lo atestigua.

Por esta puerta entraron, junto con sus dueños, pobres y vagabundos que eran fraternalmente acogidos por Nicolas y Perrenelle para hacer caridad. A tales huéspedes se les pedía a cambio que rezasen unas oraciones encomendadas a sus benefactores. Tal vez, entretanto, ellos se dedicaban a investigar en terrenos diferentes...

Decía un estudioso cuyo nombre no viene ahora al caso, que cuanto más comunes en apariencia y temática fueran los signos visibles, tantos más secretos -invisibles sólo para los no iniciados- solían encubrir. La casa de Flamel y Perrenelle exhibe unos cuantos, en su fachada, a la vista de todo el mundo.



Una curiosa inscripción de apariencia anodina, recorre la totalidad del friso. El sentido de su lectura nos lleva hacia el Oeste, hacia la Tierra de los Muertos. Y en efecto, de los muertos habla. De esos "pobres pecadores difuntos" encomendados a la misericordia de una divinidad lejana, muchas veces sorda y muda. Estamos en los tiempos de la Peste Negra y hay centenares de muertos por las calles de Paris.
En realidad, tal vez se refiera mejor a los trepassés, es decir, a los que han pasado hacia otra vida y entrado en otro mundo.
Pero, por detrás de las apariencias canónicas y religiosas tan propias del lenguaje de la época, ¿A qué otra vida y a qué otro mundo podrían referirse los inspiradores de esa inscripción colocada frente a todos?



¿Cual de sus palabras -o de sus letras- estaría destinada a llamar la atención del Despierto, es decir, de aquél que es capaz de captar el sentido que siempre existe por detrás de lo inmediatamente accesible a todos?


Tal vez no se trate de una palabra o letra, sino de un ángel que avisa. O de una luz no percibida anteriormente a través de los cristales.

Quizá debemos esperar alguna señal extraña, colocada en las inmediaciones. O contemplar los ojos de un rostro que parece observarnos, aun cuando en realidad dirija su mirada hacia cierta meta ignorada

Nada de todo ello podemos conocer a ciencia cierta.
Pero, estamos en Paris, la Ciudad Luz, donde todo -y aun mucho más que todo, puedo asegurarlo- es posible.

En cualquier caso, recordemos: .IN.PERICVLIS.CONSTANTIA.
Virtud filosófica que, según nos dice Fulcanelli, todo verdadero artista debe saber conservar, aunque en estos tiempos ello no se tenga demasiado en cuenta.















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