HÉROES, DEMONIOS Y ESPADAS MÁGICAS
08 02 09 - 18:06
Hace mucho tiempo que las crónicas nos hablan de espadas llegadas desde el Otro Mundo.
En ocasiones, los Muertos las trajeron consigo...
Sus destinatarios no eran, a veces, los más adecuados, ni los mejor preparados para recibirlas. Ello dio lugar a innumerables conflictos y a enfrentamientos con seres espeluznantes...

Ipse vero Arturus, lorica tanto rege digna indutus, auream galeam simulacro draconis insculptam capiti adaptat, humeris quoque suis clypeum vocabulo priwden in quo imago Sanctae Mariae Dei Genitrix impicta ipsam in memoriam ipsius saepissime revocabat. Accinctus etiam Caliburno, gladio optimo et in insula Avallonis fabricato, lancea dexteram suam decorat, quae nomine ron vocabatur: haec erat ardua lataque lancea, cladibus apta.
Geoffrey de Monmouth: "Historia Regum Britanniae". Cap.147.
"...Arturo no puede reprimir su cólera, viendo que el enemigo se mantenía firme y que no terminaba de llegar la victoria; desenvaina su espada Caliburn, invoca el nombre de Santa María y se precipita en veloz ataque sobre las apretadas filas de los Sajones. El que prueba su filo ya no necesita otro golpe..."
Cuando hablamos de Caliburno, Excalibur o Excalibor en esta historia, lo hacemos refiriéndonos, al menos, a dos espadas. Ambas estuvieron, cada una en su momento, controladas por Merlín, el gran mago, del que se decía en las leyendas que era hijo de un demonio -Asmodeo, que se unió de forma clandestina a una monja- y demonio el mismo: el de la magia y las artes de una ciencia que ya estaba perdida para nuestros antepasados y que sólo era recordada por algunos elegidos. Merlín (Myrddin Emyrs, en galés) tenía por tanto una naturaleza infernal y extraordinaria, que le permitía dominar la lengua de los animales y ser auxiliado por ellos en caso de necesidad. Podía levantar sin aparente esfuerzo piedras enormes -como las de Stonehenge- y hacerlas volar por los aires con su ciencia ...

Merlin podía recibir también las espadas mágicas llegadas del Más Allá, como aquella traída a este mundo por los Hijos de la Diosa Danna (Tuatha Dé Dannan) junto a otros objetos de poder, espada atribuida al rey de los dioses de Irlanda, Nuadu, que causaba heridas incurables con su terrible filo, pero que también podía devolver la salud llegado el caso y elegir de entre todos los hombres a aquél que, verdaderamente, estaba preparado para usarla. Sin embargo, en el manejo de Excalibur no sólo contaba la fuerza o la habilidad de quien la esgrimiese, sino, sobre todo, el Conocimiento, el saber secreto que los dioses del inframundo poseían y otorgaban únicamente a unos pocos.
La espada llegada del Otro Mundo fue así clavada en la roca viva por Merlin, para que únicamente aquél caballero que demostrase ser digno de recibirla, pudiese extraerla de su lecho de piedra y blandirla no solo en su provecho, sino para lograr el beneficio de todos, acreditando de tal manera su condición de rey.

Arturo extrajo la espada de la piedra. Era el arma perfecta para un joven caballero que acababa de ser elegido rey precisamente por haberla conquistado. La espada fue llamada en galés Caledfwlch, espada brillante o resplandeciente, y en bretón, Kaled foulch. Pero la acción de Merlín, clavándola en la roca, era un acto vinculado con el culto de los muertos, de manera que, finalmente, eran los muertos quienes otorgaban la soberanía a quien fuese merecedor de recibirla.
Quien accede al Conocimiento, no debe dejarse arrebatar por impulsos estériles. Al olvidar su alta misión, en un combate contra el rey Pellinor, Arturo desarrolla tal violencia que rompe la hoja de Excalibur. Desesperado, hace una solemne promesa a Viviane, la Dama del Lago, la cual le restituye la espada mágica, pero ahora dotada de una funda que resulta ser todavía mas preciosa que la propia arma: mientras la conserve en su poder, sus enemigos no podrán hacer nada contra él. Si pierde la funda de Excalibur, Arturo estará en peligro mortal.

El rey Arturo es el personaje -medio legendario, medio real- que forma el corazón del ciclo de leyendas al que se conoce como "materia de Bretaña". Se trata de una figura mágica, que no pertenece del todo a éste mundo, aunque existen crónicas que relatan detalladamente su nacimiento y el desarrollo de su vida y aventuras, siempre unido a su famosa espada Excalibor y presidiendo esa sociedad semisecreta a la que en los libros se llama Tabla Redonda.
Todavía hoy es posible contemplar la que se dice que es su tumba, en el monasterio en ruinas de Glastonbury, que simboliza a la legendaria Insula Avallonis. Allí estuvo enterrado, según afirma cierta tradición, junto a su esposa Guenievre o Ginebra, que debió ser también un personaje a caballo entre éste mundo y el otro, pues su nombre (Gwenhwyfar, en galés) significa "blanco fantasma". Parece que hace muchos siglos los monjes del monasterio descubrieron allí una lápida con un texto grabado: Hic iacet sepultus inclitus rex arturius in insula avalonia.

Arturo, como el primero de los caballeros, parte en busca del Grial, que es la razón de ser de todas estas aventuras vividas en selvas, castillos y cementerios "peligrosos". Y es tal denominación la que nos indica que esos entornos donde los que participan en la Búsqueda penan y sufren, no es sino una metáfora del Otro Mundo, lugar en el que vagan los espíritus vengativos de los muertos.
La Búsqueda del Grial es, por tanto, un episodio más de la Huída Mágica: el héroe corre mil peligros para hacerse con un objeto que constituye el fundamento de sus deseos en este mundo. Casi nunca lo consigue porque no es demasiado diestro o no es lo suficientemente puro de corazón para alcanzar su objetivo.
Pero si logra hacerse con ese objeto, tiene que ponerse a salvo de inmediato, porque comenzará a ser incansablemente perseguido por aquellos que son los guardianes del tesoro robado.

La espada mágica es un instrumento que el Elegido lleva consigo para inclinar esa lucha a su favor. Pero los perseguidores pueden adoptar muchas formas y presentarse en lugares insospechados. Así, Arturo ha de enfrentarse con Mordred, que es a la vez su hijo y un traidor que tratará de matarlo.
Se desencadena un furioso combate y el rey resulta gravemente herido. Sintiendo aproximarse el momento de su partida, llama al último de sus caballeros, Bedivere. Le encomienda su bien más precioso, Excalibor. Quiere que se acerque a la orilla del lago más próximo y que la arroje allí. La espada mágica ha de ser devueltta al reino ultraterreno del que procede.

El caballero vacila. Pero ante la insistencia del rey, lanza a Excalibor por los aires con todas sus fuerzas y ve como la espada cae hacia la superficie, siendo recogida, antes de tocar el agua, por una mano que la empuña, la hace flamear tres veces y se oculta finalmente con ella en las profundidades.
Ninive y Morgana conducen al rey Arturo hasta Avalon. Allí lo velarán hasta que haya de volver, algún dia, a nuestro mundo.

La mort d'Arthur por James G. Archer
















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