COMPAÑAS, HUESTES Y PUEBLOS DE LA NOCHE
15 01 09 - 01:09Por las noches se escuchaban gritos y algarabías de una gran hueste corriendo por los cielos, como en una gran batalla que se librase entre las nubes.

Decían los más ancianos que se trataba de una compaña de almas condenadas y demonios, dirigidos por la Vieja de las Viejas -Dama Holle- y por un dios pagano salido de los mismos infiernos... Se llamaba la Cabalgada de Odinn...
En la tradición germánica existe la leyenda relativa a que ciertos difuntos escogidos acompañarán a Odinn en el Rajnarok o batalla final, en la cual los dioses van a enfrentarse con las fuerzas malignas. Pese a todos los esfuerzos, los agentes del Mal resultarán vencedores en esa lid postrera, con lo que se cerrará definitivamente un nuevo ciclo de entre los muchos que, desde el principio de los tiempos, se mantienen en el universo.

Aquellos guerreros difuntos cuyos espíritus fueron recogidos en su momento por las valkirias, son los einherjar sobrenaturales, cuya fuerza o energía sagrada proviene de la propia divinidad inspiradora, Odinn. Los berserker o berserkir, combatientes poseídos por un furor supremo -y asimismo sagrado- que los hace invencibles, son sus herederos terrenales.
Los antiguos germanos -según Mircea Eliade- llamaban wut a esa fuerza sagrada, la cual equivalía al fenómeno conocido por los antiguos irlandeses como ferg y también a la menós descrita por Homero.
Tal como se describe en el Taîn Bô Cuâlnge, el héroe irlandés Cuchulainn se veía, al combatir, poseído por una energía tumultuosa y ardiente. Eso le permitió -cuando todavía era un niño pequeño- acabar con tres afamados guerreros de una sola sentada.
Pues bién, esa terrible fuerza es la que anima también, al parecer, a las hordas de seres que durante la noche cabalgan por los aires.
En los primeros momentos los testimonios hablan, así, de una tropa de demonios furiosos que vagaban por los cielos, encabezados por la gigantesca figura de su jefe, al que siguiendo la tradición antes citada procedente de tantos relatos legendarios extraídos de las viejas sagas, se identificaba con Odinn al frente de sus einherjar.
Todos huían al escuchar el estruendo de los muertos lanzados en tromba por los aires, ya que aquél ejército de fantasmas amenazaba con arrastrar a cuantos incautos encontrase a su paso.
Pero, ¿desde cuando tenemos testimonios de esa actividad sobrenatural?

Las primeras noticias son muy antiguas. Tanto, que en algunos casos podemos remontarnos incluso a representaciones en petroglifos. Además, existen testimonios tan antiguos como pueda serlo el prestado por Jacob en la Biblia cuando se refiere a la hueste de "mensajeros de otro mundo" o al "ejército del otro mundo" que vio en el lugar de Mahanaim... Algunos estudiosos -como Theodor H. Gaster (Mito, leyenda y costumbre en el Libro del Génesis)- afirman que aquello que Jacob vio fue una forma de la Hueste Fantasma que, según se cree, cabalga a través de los cielos en tiempo de tempestad.
Respecto a estas manifestaciones celestes y sobrenaturales, el predicador alemán Johann Geiler von Kaysersberg (1445-1510), decía:
Aquel que muere antes del término decidido por Dios, se convierte en uno más de entre ellos. Es el caso de quienes se integran en el ejército y son apuñalados, colgados o ahogados. Deberán permanecer en este mundo durante mucho tiempo, tras su muerte, hasta que Dios decida que ha llegado el momento de su redención.

Existen otras manifestaciones de almas y espíritus desencarnados, además de las cabalgatas y ejércitos nocturnos. Tenemos, por ejemplo, la Santa Compaña gallega o las prehistóricas Sociedades do Oso, cuyo origen atribuyen algunos investigadores a fuentes comunes con las que también alumbrarán las leyendas de la Caza Salvaje, Tropa de Odinn, Mesnie Hellequin y otras.
Asimismo es posible que representaciones de tales leyendas -sin duda muy antiguas- hayan figurado entre los grabados de ciertos dólmenes y en petroglifos gallegos o hispano atlánticos del Calcolítico y de la Edad del Bronce (Ver la tesis doctoral de Andrés J.Pena Graña: Treba y territorium. Génesis y desarrollo del mobiliario e inmobiliario arqueológico institucional de la Gallaecia)
Con la Hueste, podemos encontrarnos en los lugares más insospechados. Hay quien dice que en el silencio nocturno de los campos, las pequeñas iglesias esparcidas a lo largo y ancho de muchos parajes de la vieja Europa adquieren una vida distinta y peculiar. Es muy frecuente que junto a esos edificios eclesiásticos, algunos de los cuales son de notable antigüedad, aparezcan los correspondientes cementerios.
Si alguien contemplase con atención esa imágen bucólica notaría quizá que, a través de los ventanales de la iglesia, se desliza hacia el exterior una extraña luminosidad. Parece como si estuvieran celebrando algún acto de culto en esas horas tan tardías. En caso de que el curioso se aproximara lo suficiente para observar a través de la puerta, podría contemplar aquello que en Galicia se denomina misa de las ánimas, es decir, una reunión de espectros que asisten a ese acto solemne, oficiado por un sacerdote también difunto.
Tal vez su valor permita al intruso penetrar en la iglesia y asistir a los oficios que allí se celebran. Es muy posible que en los primeros momentos no observe nada extraño.
Pero quizá al cabo de un rato, comenzará a inquietarse ante los rasgos de aquella cara que lo observa medio oculta en la sombra de una columna. O ante los de otra que lo contempla fijamente, con ojos de fuego, a través de la multitud allí reunida...
El visitante puede no correr más peligro que el de llevarse un buen susto, aunque Anatole Le Braz describe casos en Bretaña en los que el inoportuno curioso apareció destrozado al dia siguiente, para horror y consternación de quienes lo encontraron.
A lo mejor el intruso tiene suerte y escapa sin daño de la espectral asamblea. Pero que se guarde bien de tomar nada de lo que allí puedan ofrecerle: un misal, un cirio encendido, agua bendita... Nada más natural que aceptar agua bendita en una iglesia ¿no?. Si la recibiera, jamás podría regresar al mundo de los vivos. Se convertiría en prisionero de la Hueste y su vida se consumiría lentamente, hasta agostarse por completo, como una pequeña y mísera flor, bajo el viento helado e implacable del Ultramundo.
De Ejércitos de muertos y viajes al Otro Mundo. J.L.Cardero.















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